París Post Histórico

Street Art en París

Esta nota fue tapa del número 36 de la revista Dossier

Alexander Calder en la explanada del Pompidou

El arte es una producción simbólica, un lenguaje universal que ha evolucionado con el hombre hasta llegar, como tantas disciplinas en el siglo XX, a su fin. El fin del arte declarado por Arthur Danto en los ’80 no se refiere obviamente a la producción artística, dado que se produce más arte que nunca en la historia, sino al fin del relato histórico de época. El final llegó cuando se esfumó el límite entre el arte y la vida real, cuando todo objeto pudo ser la materialización de un significado, de una idea, de una expresión artística.

Artista pintando en la Place Stravinski.La era moderna en el arte empezó con Manet en 1863 quien comenzó a forzar el concepto de arte al enviar Déjuner sur l’herbe al Salón de Refusés. Desde entonces los artistas han ido empujando el límite de lo que es arte, tanto en sus contenidos como en sus formas, hasta el punto crítico en 1958 de eliminar toda materialidad ( 
Muestra de Yves Klein ‘La especialización de la sensibilidad en su estado puro en la galería Iris Clert de París, en la que se exponía… nada).

El fin del siglo XIX y más de la mitad del siglo XX concentraron la producción y la investigación artística en descubrir la esencia, el arte en estado puro, con un resultado final de que cualquier objeto puede ser arte; cualquier motivo o tema puede motivar una obra de arte; la belleza ya no es un valor necesario en una obra de arte; todos pueden hacer arte; y el arte es vendido como un elemento más de la cultura de consumo.

Llegamos al arte contemporáneo sin características propias, todo puede ser arte. He aquí el fin del arte. Es el fin de una historia del arte, local o universal. Cada obra construye y termina consigo mismo su propia historia, su justificación y sus medios. El arte contemporáneo, coherente con el mundo, es múltiple en sus medios y en sus motivaciones, ambos crecen y mutan constantemente y no podemos predecir hacia dónde va. Vivimos en los que Danto llamó Post- historia.

Jérôme MesnagerEn esta evolución del concepto del arte, también y casi de igual manera han ido mutando los lugares de exposición y conservación de las obras. Al igual que el concepto, se han ido ampliando las posibilidades. Nada se quita del campo del arte, ni las obras ni los lugares de exposición. El museo es hoy el lugar sagrado, salvaguardando el aura de los grandes artistas que han hecho nuestra historia, definiéndolos y perpetuándolos. Las colecciones públicas y privadas siguen en pie, y han ganado enorme terreno las galerías de arte posicionándose como las grandes comercializadoras y cazadoras de talentos. Nacen nuevas formas de exposición, lugares en los que mostrar y expandir, generar corrientes e intercambios: Galerías alternativas; colectivos de arte; internet y por supuesto la calle, medio popular por excelencia.

El arte, como cualquier lenguaje simbólico, necesita códigos para ser leído, que muchas veces son anulados en los clásicos centros de arte. Una obra pensada en y para la vida cotidiana queda descontextualizada o simplemente minimizada en su alcance dentro de la Caja Blanca del campo tradicional del arte, en silencio y sin quien interactuar. Un arte plural y universal busca salir de las elites para poder realizarse; y en ese proceso se propagan y refuerzan estos medios alternativos de existencia del arte. Se revelan y se acercan a un público que no entiende de arte conceptual y minimalista, y que no accede entonces a ser parte de la historia del siglo XX y XXI.

El Street Art tiene sus orígenes en expresiones continuas desde la segunda mitad del siglo veinte, vinculadas generalmente a movimientos de protesta y vandalismo. Es recién a fines de los ‘80 y principios de los ‘90 que se reconoce como arte, y se reconocen como verdaderos artistas a sus creadores. Nueva York, Berlín, Londres y París, las grandes capitales culturales del mundo son las precursoras de estos movimientos que se expanden por el mundo revitalizando el pulcro campo del arte. Es un diálogo marginal con el público mayor, una comunicación directa que protesta, se expresa, cuestiona o simplemente se hace conocer.

Lo que hace al graffiti, decía Roland Barthes y yo me animo a extenderlo al resto del Street art, es el muro. Más importante que el mensaje, la calidad estética o formal, lo que hace a este movimiento del arte contemporáneo es el lugar en el que se ubica. Es la revolución del concepto de un arte entre algodones y privado para unos pocos, creado para perdurar junto al ego del artista, para ser vendido y contemplado.  El arte urbano se implanta en un muro que ya existe, sobre una señal que otro creó y que es parte del sistema de códigos sociales. No es solo el artista el que lo crea, es el muro y es el ciudadano el que lo inventa, aunque no lo mire. Cuando el arte elige la calle, lo que hace es resignificarla, reinventarla y colocarla de nuevo ante nuestros ojos, y finalmente modificarnos a nosotros mismos, ciudadanos de una ciudad que nos interpela.

Némo

Las grandes capitales artísticas, y en este caso París, invitan a un recorrido artístico que podría empezar en los tradicionales circuitos de museos y galerías, pero que es imposible no termine en la calle. Sin embargo también es en los grandes núcleos de arte donde se hace evidente la perdición de un arte que nació de la protesta y que se reveló contra las elites.  Artistas que fueron perseguidos en los 90, venden hoy sus obras a precios inverosímiles. Sus obras son absurdamente protegidas de las erosiones del tiempo anulando su razón de ser. Los gobiernos distribuyen entre los artistas los muros por tiempos determinados; hay ferias y bienales de Street Art impulsadas por las galerías patrocinadoras de los artistas. Los artistas son contratados por las empresas para hacer publicidad colocándolos en la calle con un nuevo rol, vender. La obra que antes dialogaba con esos mensajes publicitarios, disputando el espacio y la atención de los espectadores en pos de una ciudad que no solo nos venda cosas sino que nos cuestione el mundo, se mimetiza. Son lo mismo.

La pintura de Philippe HérardLa lectura de esta evolución del arte podría ser desesperanzadora, pero en realidad es inevitable y espectacular la convivencia y la lucha de poderes y de intereses, también en el arte. Pasear por una ciudad atento a los mensajes que esta nos da y a sus luchas internas es una mirada novedosa que ilumina relatos ocultos a los de recorridos habituales.  En esta nota proponemos una nueva mirada sobre París concentrada en una de las post- historias del arte contemporáneo, la del arte urbano.

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